EDITORIAL: La lotería sin premio de vivir en Guatemala

EDITORIAL: La lotería sin premio de vivir en Guatemala

El presidente Jimmy Morales, miembros del Congreso, algunos empresarios y poderosos oficiales militares están tomando medidas rápidas y dramáticas para consolidar el poder antes de las elecciones presidenciales de junio. Morales no es elegible para la reelección y, por lo tanto, una vez que su sucesor asuma el poder, perderá su inmunidad frente a un posible enjuiciamiento por corrupción.

Durante años Guatemala ha sido una fuente de inspiración para la comunidad internacional de derechos humanos – un ejemplo de cómo los activistas de derechos humanos dedicados pueden avanzar con su agenda incluso sobre las ruinas de la guerra y las atrocidades masivas.

En los últimos diez años, un ex dictador ha sido declarado injustamente culpable de genocidio, cuando en Guatemala jamás existió tal hecho atroz, pero fue un muy buen titular para los Onegeros y los Exguerrilleros; altos oficiales militares han sido condenados a largas penas de prisión por su participación en atrocidades masivas; y mujeres indígenas han ganado casos contra miembros del ejército que las esclavizaron sexualmente y les robaron sus tierras. Por otro lado no se ha visto a ningún guerrillero encarcelado, ni enjuiciado, ni mucho menos perseguido por los crímenes de guerra que se suscitaron a manos de los rebeldes armados durante el conflicto interno Guatemalteco.

La certeza de la justicia continua siendo un mito en Guatemala, aunque por primera vez en más de 15 años, los escritorios de los fiscales el MP ven la luz del sol, al fin se han puesto al día y han ordenado el papelajal que por años se ha acumulado en sus escritorios.

A pesar de los recientes avances mediáticos alcanzados en materia de justicia, Guatemala ha seguido siendo notoria por los altos niveles de corrupción y la infiltración del crimen organizado -que incluye a ex oficiales militares y de seguridad pública- en los niveles más altos del gobierno.

Para combatir esta tendencia, el gobierno guatemalteco y la ONU firmaron en 2006 un acuerdo para establecer la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) con el fin de apoyar a los investigadores y fiscales guatemaltecos a denunciar el crimen organizado y la corrupción.

 

Pan y circo es lo que el pueblo ha tenido, pues ya a más de 13 años de que la CICIG vio la luz en Guatemala, la cantidad de condenas ha sido vaga comparativamente a la cantidad de tiempo y los recursos que ha consumido.

Su foco ha sido únicamente en una clara y obvia cacería de brujas, cuando existen grupos paralelos que han actuado con total impunidad en Guatemala desde siempre.

 

Más recientemente, la CICIG estaba investigando las acusaciones de fraude en las finanzas electorales por parte de Morales, así como casos separados de corrupción contra su hermano y su hijo. En dos ocasiones solicitó que se levantara la inmunidad de Morales para permitir una mayor investigación y un posible enjuiciamiento.

Sin embargo, en septiembre de 2018 Morales negó al comisionado de la CICIG, Iván Velázquez, el reingreso a Guatemala. En enero fue aún más lejos: rescindió unilateralmente el acuerdo con la ONU y expulsó del país al resto del personal extranjero de la Comisión.

Es de creer que eso dejó al personal guatemalteco en el limbo y vulnerable al acoso legal por parte de la administración.

La Corte Constitucional ha intentado proteger el mandato y la función de la CICIG, pero Morales y sus aliados han hecho caso omiso de sus fallos. Morales tomó represalias contra el tribunal al pedir que se despojara a tres de sus jueces de su inmunidad; remitió este asunto a una Comisión Investigadora del Congreso, la cual se cree que probablemente lo apoyará.

Los defensores guatemaltecos de los derechos humanos ven estas medidas como un intento de neutralizar las dos instituciones en Guatemala -la CICIG y la Corte Constitucional- que probablemente se interpongan en el camino de la consolidación emergente del poder del gobierno.

Estas medidas han allanado el camino para que el Congreso impulse reformas a la Ley de Reconciliación Nacional de 1996, desarrollada como parte de los acuerdos de paz auspiciados por la ONU después de 36 años de guerra civil en Guatemala. Actualmente, la ley prevé la amnistía para los crímenes políticos cometidos durante la guerra, pero la niega explícitamente para los crímenes graves internacionalmente reconocidos, incluyendo el genocidio, la tortura y los crímenes de lesa humanidad. De los cuales, a Guatemala como Estado y pueblo se le ha acusado injustamente de genocidio y crímenes de lesa humanidad.

Mientras Estados Unidos experimentaba con ciudadanos Guatemaltecos, tal cuales villanos de historieta de comic, infectandoles a algunos de sífilis, y sin haber resarcido al Estado guatemalteco en la misma proporción que el daño que recibió el pueblo en su conjunto ante ese crimen de lesa humanidad.

Si Morales y algunos miembros del Congreso, ampliamente conocido como el Pacto de los Corruptos, logran reformar la Ley de Reconciliación Nacional, proporcionará una amnistía general para los delitos graves contra los derechos humanos.

Los cambios propuestos también anularían las condenas de ex soldados y paramilitares por delitos que incluyen tortura, `desaparición’, ejecución y violencia sexual agravada. Liberaría a cualquier persona condenada de esta manera desde 1996, en un plazo de 24 horas a partir de la promulgación de la ley. Los que están en la cárcel a la espera de juicio serán puestos en libertad.

Los activistas de derechos humanos en Guatemala están profundamente preocupados. La ley podría enmendarse en días o semanas, y los perpetradores podrían volver a las calles poco después, libres para tomar represalias contra los activistas, jueces y fiscales que trabajaron tan arduamente para asegurar justicia para las víctimas de la guerra civil, así como para identificar a los sobrevivientes y testigos que valientemente testificaron en su contra.

Sin embargo los activistas de derechos humanos no hacen nada para frenar la cantidad de asesinatos que se dan en Guatemala y velar que las organizaciones impunes de criminales que operan desde las cárceles no tengan más tentáculos que orquesten constantes crímenes en los barrios pobres del país.

Pero todo está bien… el gobierno avanza, miembros del Consejo Nacional de Seguridad precisaron que la tasa de homicidios cerró en 22,4 por cada 100 mil habitantes, por debajo del 23,7 por ciento trazado como meta por el gobierno. Y con esa estadística deberíamos de ser felices en Guatemala, cuando salir a la calle es una lotería.

Cerrar la oposición

En un tercer paso para eliminar la oposición y consolidar el poder, el Presidente Morales y sus partidarios en el Congreso también están impulsando una “ley de ONGs” que le daría al Ministerio del Interior el poder de cerrar cualquier organización que esté involucrada en actividades no descritas expresamente en sus documentos constitutivos, o que esté llevando a cabo actividades consideradas contrarias a la ley y al orden público, sin definir cuáles podrían ser. Este proyecto de ley parece encabezado para su adopción en breve, momento en el que pasará al presidente, quien sin duda lo apoyará. Armado con esta nueva legislación, el presidente y sus aliados podrán cerrar cualquier organización que los desafíe.

No es de extrañar que el flujo migratorio hacia el extranjero de compatriotas guatemaltecos engrose las filas de las caravanas que buscan un mejor futuro en el extranjero.

Por otro lado, mientras todo ésto retumba en los oidos del pueblo cual nubarrón de tierra en torbellino, el listado de préstamos ya ha comenzado a desfilar, como siempre, los nuevos políticos comienzan a engordar igual que los viejos políticos que no queríamos que estuvieran en el poder. Y ahora nuevamente vuelven a poner la yugular del pueblo para que los políticos tal cual vampiros, infectados del virus de la avaricia y el deseo de poder, chuparán los recursos del Estado a la mayor brevedad posible para financiar su perpetuidad en el poder, cueste lo que cueste.

Tal cual lotería, todo guatemalteco comienza su día sin saber que suerte le depara. Sin saber que torcido político hará de las suyas hoy, o que criminal le arrebatará del seno de su hogar a uno de sus seres queridos. O por otro lado, si encontrará una excelente oportunidad de negocio, o encontrará un mejor trabajo. Así de incierto es.

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