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Por: Estuardo Porras Zadik

‘Black lives matter’, reza la plegaria de los cientos de miles de personas que han tomado las calles en Estados Unidos en protesta por el asesinato de George Floyd. Toda vida importa y debemos ser muy cuidadosos en no dejar que la indiferencia se apodere de este episodio, en el que resalta que el racismo lejos está de ser algo del pasado. Bajo el liderazgo del presidente Donald Trump es difícil no pensar que este cáncer crece en ese país o para su efecto, en el mundo. De hecho, desde la llegada del presidente Trump a la Casa Blanca, han salido a la superficie grupos extremistas de supremacía blanca que operaban en bajo perfil. El racismo más generalizado y perjudicial en ese país no viene de cabezas rapadas y neonazis, sino viene de la gente que cree que su racismo es “solo mi opinión” y de la gente que cree que sus creencias y acciones no pueden ser racistas porque “tengo amigos negros”. Tenemos que levantar la voz con cada comportamiento racista que vemos, pues no es suficiente el hecho de no ser racista sino que debemos convertirnos en antirracistas. De no hacerlo, seremos cómplices.

Este debe de convertirse un un momento trascendental, en el que se propicie un cambio. Cambio que solo puede ocurrir si vemos para atrás para entender de dónde venimos y analizamos nuestro presente para entender en dónde estamos. Nuestro presente no es uno bueno. No podemos permitir que un minúsculo porcentaje de manifestantes destructores y saqueadores desacredite el movimiento antirracista que hoy surge. De igual forma, no podemos permitir que un minúsculo porcentaje de malos policías desacredite a esa indispensable institución. Quitémonos el velo de la intolerancia de la condición humana, en la que se habla mucho pero no se dialoga. La posturas tienden a ser radicales. Todo se quiere en blanco o negro, sin percatarnos de que ninguno de estos existe en su estado puro. Es en los grises donde transcurre la vida. La humanidad se debiese de percibir y tratar como un pantone de grises donde quepamos todos. “No todos los negros son criminales, no todos los blancos son racistas, no todos los policías son malos; lo que sí es seguro es que la ignorancia viene en todos los colores”.

Sumado a esta dura prueba de intolerancia, odio y racismo, la humanidad está de rodillas ante la pandemia, el acelerado calentamiento global, los desastres naturales, las depresiones económicas, el desempleo masivo, entre otros. Pareciera que estamos ante el umbral de las profecías del fin del mundo. Todo lo que estamos viviendo, sin embargo, no es más que una advertencia para la humanidad; una advertencia para cambiar nuestra estructura de valores que nos permita seguir adelante. Los males jamás llegarán a su fin; de la misma manera que nunca un triunfo es definitivo. La vida no es más que un interminable andar en el que aprendemos más del dolor que del éxito. Los seres humanos nos descuidamos en tiempos de bonanza y perdemos el norte llegando una y otra vez a puntos de inflexión como el que hoy vivimos. Lo bueno de ello es que si no nos destruimos, son los momentos difíciles los que más nos enseñan. Hay que empezar una y otra vez recordando siempre que la esperanza es larga y el camino está lleno de baches. Pero la vida es maravillosa y lo es porque morimos, porque tiene un final. Por ello, el simple hecho de estar vivos amerita vivirla de manera que hagamos del lugar donde vivimos, algo mejor.

De nosotros depende el futuro. “Tenemos un largo no ser del cual venimos y nos espera un largo no ser”. En estos momentos es cuando más unidos debemos estar y para lograrlo, debemos empezar por hacer que nuestras diferencias no marquen la distancia. Erradicar la intolerancia y el odio del racismo es el primer paso; el odio envenena y no construye. Lo que sucede hoy en Estados Unidos no es más que un reflejo de buena parte del mundo; para cambiarlo debemos mantener una postura de tolerancia cero ante cualquier acto de racismo en contra de cualquier raza. Ya no hay espacio para el racismo, y mucho menos para quienes con su indiferencia lo permiten y avalan.


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