La verdadera pandemia es la mentada normalidad

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Por: Manfredo Marroquín

Ahora que el mismo Presidente dio por cerrada la responsabilidad del gobierno en el combate a la pandemia y se la trasladó a la población, termina oficialmente el periodo de confinamiento y la gente debe salir a cumplir con las tareas que le provean del sustento diario, todo parece ir acomodándose al estado de cosas que rige los destinos del país.

De la crisis provocada por el COVID-19 en lo que va del año se puede decir que pasó en blanco en términos de aprovechar la crisis para crear nuevas oportunidades. Se pudo reformar el sistema de salud pública, pero lejos de eso se resguardo el esqueleto corroído que mantiene en permanente estado de colapso un ministerio tomado por la corrupción.

Se pudo haber invertido los recursos extraordinarios aprobados en millonarias ampliaciones presupuestarias en proyectos para reducir déficits en atención a servicios vitales de saneamiento ambiental dotando de introducción de agua potable a comunidades que siguen careciendo del vital líquido, así como de drenaje y alcantarillado, los cuales a su vez pudieron haber sido fuente de miles de empleo temporal mientras se capeaba la crisis.

Pero no, la normalidad se impuso y se acudió a programas y ministerios ineficientes y clientelares que carecen de sustento técnico para desarrollar políticas sociales efectivas. La mayoría de programas creados en contubernio Ejecutivo y Legislativo hoy siguen sin ejecutarse en su gran mayoría y serán recursos que pagaremos muy caro en el futuro pues no tuvieron un uso productivo ni redituable en términos sociales.

Los fondos destinados a infraestructura vial ni siquiera fueron tocados por la pandemia y continuaron su lógica de distribución para pago de campaña electoral al punto que cada semana salen a luz adjudicaciones otorgadas a empresas cuyos propietarios están procesados por casos de corrupción y a ex funcionarios ligados a la cartera.

En términos de seguridad pública volvemos a presenciar bandas delictivas integradas por agentes de la policía nacional involucrados en todo tipo de hechos delictivos incluidos secuestros. La pandemia además hizo aparecer delitos que estaban relativamente controlados como el robo a propiedades como almacenes y residenciales que se multiplicaron.

El narcotráfico prácticamente tomó el país y tiene lo que debería ser nuestra tabla de salvación para desarrollar una plataforma turística única en el mundo con la herencia de la civilización maya en Petén, convertida en un parqueadero de narco jets y bandas dedicadas a todo tipo de contrabando y saqueo arqueológico.

El asesinato del ciudadano francés Benoit Maria provocó la reacción del mismo presidente Macron que condenó el hecho exigiendo una pronta investigación que dé con los responsables de este crimen que vuelve a poner al país como escenario de asesinatos que dibujan un país tomado por mafias.

Para colmo de males la pandemia en vez de ser aprovechada para reformar lo que no funciona, sirvió de coartada para articular un renovado pacto de corrupción e impunidad que busca poner los órganos de control bajo el control de elites cuya vocación son negocios extractivos amparados por un sistema legal dócil y complaciente.

Por eso volver a la normalidad en nuestro caso significa retomar las riendas de un Estado con rostro de mafias que reclaman derecho de piso para controlar cortes e instituciones negando con ello la posibilidad de vivir en una democracia que a su vez traiga prosperidad económica para la mayoría de la población. Por el momento las grandes ganadores de la crisis COVID 19, son las mafias que aprovecharon el Estado de Excepción y el miedo de la población para ampliar su cartera de negocios.


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