La burbuja del Pacto de Corruptos está rota

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El ‘Pacto de Corruptos’ hizo malos cálculos. Creyó que podría con total impunidad repartirse los enormes pasteles de los presupuestos ordinarios y extraordinarios, cuyo destino eran los millones de guatemaltecos golpeados en su salud y precaria economía por la pandemia. Dueños del poder, simplemente desobedecerían las sentencias de la CC, sin consecuencias; además tienen a la mano a una CSJ que les ofrece servicios incondicionales de mesero: la ley es un menú a la carta. Vieron que hacerse del control de manera grosera de las instituciones independientes –CC, PDH, FECI, las reservas morales del Estado– era pan comido. Y, entonces ¿por qué no? repetir la fórmula con vistas al 2021.

El malestar social manifiesto a través de las formidables redes sociales, comenzó a tomar cuerpo el sábado 21 de noviembre; continuó los siguientes días y hubo otras dos concentraciones importantes: el día 28, en la Plaza de la Constitución, y el 30 en Sololá, que fue una impresionante movilización con horario puntual de las 6 a. m. a las 16 p. m. 

Esta no es la Plaza de 2015. Las juventudes universitarias han madurado y las autoridades indígenas ancestrales –ninguneadas por un régimen político racista– están en el escenario nacional, otra vez, conectándose reciamente ahora a lo que han de percibir como una severa crisis del Estado. En el futuro no se podrá dialogar, ni tomar decisiones trascendentales, sin tomarlos en cuenta. 

Acudiendo a las viejísimas tácticas de los déspotas de inyectar terror, Giammattei, el ministro de Gobernación Gendri Reyes y el Director General de la PNC, quisieron desmovilizar y deslegitimar la causa civil. Y volvieron a equivocarse. En su afán de hacerse las víctimas, invocaron la Carta Democrática de la OEA, sin percatarse quizá que al internacionalizar la crisis abrían su propia Caja de Pandora, que solo ellos saben qué caletas y otros pecadillos guarda. A fines de junio el PDH sugirió invocar la Carta Democrática, y a principios de julio alrededor de 50 diputados enviaron una carta en el mismo sentido al secretario Almagro. 

Las razones invocadas por Giammattei, por un lado, el PDH y los congresistas de la oposición, por el otro, fueron enteramente distintas, pero el mecanismo sugerido fue el mismo. Para Almagro los argumentos del PDH y de los congresistas carecían de mérito. Pero cuando Giammattei se quejó, Almagro movió sus piezas en un santiamén. 

La paradoja podría ser, si el informe de la misión exploratoria de la OEA es objetivo (debe serlo, considerando su esfuerzo tenaz de reunirse con todas las partes, a pesar de las reticencias razonables de organizaciones civiles –creo que solo les faltó escuchar a las víctimas de la brutalidad policial, aunque les facilitamos el reportaje de ‘elPeriódico’ en el que tres de ellos ofrecieron su testimonio), que la misión diagnostique una crisis de gobernabilidad democrática y que, aunque haya buscado debajo de las piedras, no encontró elementos de convicción ni evidencia del fantasma de golpe de Estado que, en sus noches en el cuartel Matamoros, atormentan el sueño de Giammattei. 

El rol de la OEA, deliberado en el Consejo Permanente, podría ser al cabo constructivo. Como Almagro no es precisamente el más prestigiado ni el más certero de los secretarios de la OEA, bien valdría la pena que, si hay un seguimiento a las recomendaciones objetivas de la misión exploratoria, una futura misión estuviese acompañada por embajadores de países que tienen peso específico en la Organización, como Estados Unidos, Canadá, México, Argentina y Jamaica, que ejerce la presidencia del Consejo.


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