Oscar Panameño “Coca”

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Fue hace ya muchos años, a mediados de los ochenta que tuve el enorme privilegio de conocer al licenciado Oscar Panameño ‘Coca’, cuando inició trabajando como conserje, en la Facultad de Medicina de la Universidad Francisco Marroquín. Una cara fresca con una sonrisa espontánea y permanente, dispuesto a escuchar y resolver problemas de catedráticos y estudiantes. 

Con el tiempo, el gran ‘Coca’ empezó a atender discretamente las clases de Anatomía del doctor Arnoldo McDonald Kanter y del doctor Juan de Dios Maldonado; y años después, del doctor Carlos Rafael Morán, transformándose progresivamente en preparador de los cadáveres utilizados en la clase de Anatomía Humana y en prácticas de disección. Con su inagotable empeño y deseo de aprendizaje, informalmente guiaba a los alumnos y les enseñaba lo aprendido en años de atender discretamente clases, manteniendo un bajo perfil. Tras algunos años se convirtió en un gran anatomista, quizá de los mejores en la historia en la medicina nacional, llegando a ser profesor titular y jefe de dicha cátedra. Paralelamente logró sacar bachillerato por madurez y posteriormente se graduó como Abogado y Notario. 

El respeto y la enorme admiración que ‘Coca’ generaba, nunca le arrebataron la humildad ni el deseo de aprender y enseñar. Profesor de Anatomía de más de treinta generaciones de médicos graduados de la UFM, dan fe del ejemplo de superación que este gran maestro dejó en cada uno de sus alumnos y en sus compañeros de trabajo. La última vez que platicamos fue en el Aeropuerto La Aurora, cuando ambos viajábamos para participar en congresos de nuestras diferentes especialidades. ‘Coca’ viajaba a un congreso mundial de Anatomía y yo a uno de los congresos anuales de la Academia Americana de Patología Oral y Maxilofacial. Durante la espera para abordar nuestros vuelos, tuve la oportunidad de expresarle mi enorme admiración y aprecio y la amistad que trasciende el tiempo y la muerte. 

Descanse en paz querido ‘Coca’, por este medio envío mis condolencias a su familia. Seguramente lo mismo quisieran expresar las decenas de médicos graduados de la UFM, formados bajo sus excelentes cátedras y enseñanza de la Anatomía Humana, ciencia por demás importante en toda práctica profesional de la salud. Fueron más de tres décadas dedicadas al aprendizaje personal, a la enseñanza superior, a la formación de estudiantes y grandes profesionales; con excelencia académica y mucha mística. Irónicamente, no fue atendido como todo ser humano merece en nuestro colapsado sistema nacional de salud… si a algo tan ingrato se le puede llamar “sistema”. 

Y como moraleja: 

Una vida dedicada a la docencia superior honesta, no alcanza para llegar a tener una edad adulta digna, al menos en este remedo de “República Democrática”.


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