Prevaleció la fuerza de las instituciones

Tras perder las elecciones presidenciales de noviembre y que fuera ratificado por el Colegio Electoral, el presidente saliente de Estados Unidos, Donald Trump, intentó detener que en el Congreso de Estados Unidos se diera la declaratoria final de Joe Biden como ganador de las elecciones y como Presidente electo de Estados Unidos. Se sabe que Trump arengó y alentó a simpatizantes, venidos de distintos lugares de Estados Unidos, para que hicieran un ataque al Capitolio, sede de la Cámara de Representantes y del Senado, para evitar que se verificaran los votos enviados por el Colegio Electoral y se declarara ganador a Joe Biden. Ese procedimiento es un mero formalismo, porque lo que realmente cuenta son las certificaciones electorales de cada Estado y el voto de los compromisarios del Colegio Electoral. Ya Biden los había ganado, por lo cual el procedimiento del Congreso es una formalidad solo para declarar al ganador de las elecciones presidenciales. Pero con exceso de fuerza, y cometiendo destrozos, los simpatizantes de Donald Trump amenazaron a los Representantes y Senadores para evitarles hacer la verificación y la declaración final del ganador. No lograron su cometido, pues horas más tarde el Congreso de Estados Unidos procedió como correspondía, desestimó las objeciones a las elecciones en algunos Estados y declaró a Joe Biden como Presidente electo. Donald Trump no pudo imponer su voluntad, su vicepresidente Mike Pence no se prestó a eso y procedió conforme le dictan las instituciones y la ley. Ahora, Trump enfrenta la posibilidad de un juicio político por ese asunto en el Capitolio. Sin duda Trump tendrá que responder ante la ley por las amenazas, agresiones e invasiones en el Capitolio que él provocó. Una huella más de lo que fue su gobierno, el cual destruyó muchos procesos importantes en el mundo, para citar algunos, el Acuerdo del Clima de París, el Tratado Nuclear con Irán, la solución diplomática del conflicto israelí-palestino, el proceso de normalización de relaciones con Cuba y la CICIG en Guatemala, entre otros. Nadie extrañará un gobierno nefasto como fue el de Donald Trump, aunque no hay que olvidar a sus simpatizantes y escucharles.

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